Al sentarme frente a mi laptop vi un artículo que yo misma había abierto: “13 formas de ser irresistible para los hombres”. Primero me reí, porque suelo tildar de ridículos estos escritos. Pero luego pensé: “carajo, yo le dí clic”. No en mi acto más consciente ni en mi momento más despierto, pero yo le dí clic.

“carajo, yo le dí clic”

Siempre he pensado que estas acciones medio sonámbulas dicen un montón sobre nosotros. Y bueno, no es descabellado pensar que una parte de mí quiere ser irresistible. Irresistible en el sentido de deseada y, de ser posible, querida. Pero pensar que el deseo y el amor van de la mano es absurdo.

Todos buscamos en distintas formas y medidas reconocimiento. Convertir nuestro cuerpo en un objeto de deseo es una manera de hacerlo. Es querer que nos digan “guapa” o querer que nos quieran besar. Pero hablar de “ser irresistibles para los hombres” me parece brutal.

En primer lugar me parece brutal porque no se puede. Que se pudiera implicaría tener en una misma persona todas las posibles combinaciones de características que los distintos hombres consideran irresistibles. No se puede porque no podemos cumplir con tantas expectativas a la vez. Y, sobre todo, no se puede porque nadie controla el deseo del otro. Podemos seducir, jugar, tentar… pero en última instancia, no podemos decidir por los demás.

“No se puede porque nadie controla el deseo del otro”

Esta imposibilidad se traduce en frustración. Acabar de leer un artículo en el que dice que es “tan fácil” como ser “inteligente, guapa, sexy, independiente, trabajadora, relajada, arreglada, exitosa, amorosa, complaciente, sociable, educada e íntegra” puede ser devastador para cualquiera. No sólo porque sabemos que no somos todas esas cosas, sino porque nos hacen pensar que hay quien sí lo es. Nos haces pensar que hay una mujer ahí afuera a la que nadie se puede resistir por ser todas esas cosas y más. Y no es verdad.

“No sólo porque sabemos que no somos todas esas cosas, sino porque nos hacen pensar que hay quien sí lo es”

En segundo lugar me parece brutal porque nos daña. Querer hacer de nuestros cuerpos y persona un objeto tan pero tan deseable que debe provocar en todos un impulso transgresor, es grotesco. No debería parecernos algo bueno perder toda genuinidad para pretender ser un montón de cosas y cumplir con las expectativas de cuantos nos sea posible. Es indignante. Es cambiar lo que somos por fachadas plásticas con el objetivo de sentirnos vistas, deseadas, queridas…

Lo que es extremadamente peligroso de todo esto, es que cuando nos dicen “cambia para que te vean/deseen/quieran” nos dan a entender que lo que ya somos no es suficiente. Que nosotras mismas, con nuestras características y no las que un artículo numera, no cumplimos con lo necesario para el reconocimiento de otros.

Creo que es necesario decir que no tenemos que ser irresistibles. Que no necesitamos ser irresistibles. Que ni siquiera deberíamos querer ser irresistibles. Yo soy mujer y resistible. Y eso está bien.

Valeria Farrés
valeriafarres.com

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Productor Eejecutivo de BLITZ. Productor de Tv CON Joaquín López-Dóriga Conductor BLITZ Columnista en PilotziNoticias.com Conferencista Domingos en Formula Noticias sección Tecnología 157 Sky 121 Izzi 161 TotalPlay