Querer, saber y poder.

Miro atrás y encuentro los hoyos por los que se han dado a la fuga mis historias. He perdido más amigos y amores de los que me gustaría admitir. Y he aprendido a vivir con eso.

Hace poco alguien me llamó “alivianada” y quedé sorprendida al encontrarlo algo cierto. A los dieciocho años habría sido el adjetivo perfecto para mi antítesis… pero la gente cambia. Creo que lo dijo porque no le exijo lo que no me corresponde exigirle, ni le pido las explicaciones que no me debe. De verdad se los recomiendo.

Internet está lleno de problemas y soluciones para las amistades rotas y el mal de amores. Yo, honestamente, no creo que sea tan complicado. Cuando de relacionarnos se trata, hay tres cuestiones: querer, saber y poder.

Es algo así como el asunto de “estar en la misma página”. Para que un amor o amistad funcione, las personas necesitan querer lo mismo, saber llevarlo a cabo y tener la posibilidad de hacerlo.

Supongamos que no se dieron: váyanse si no encuentran un punto de acuerdo; quédense si sí. Supongamos que sí se dieron: ¡felicidades! pueden ustedes relacionarse en paz. Pero por favor, sea cual sea el caso, no busquen entre los dos un culpable del fracaso o un responsable de la victoria: entiendan las razones y punto.

Me voy a permitir ejemplificar con mi vida lo que estoy intentando explicar:

Querer
Tuve novio a distancia durante un año y medio. Todo ese tiempo supimos que yo migraría de Venezuela a México a estudiar la carrera, y entonces coincidiríamos en la misma ciudad. Cuando llegué y entré a la universidad, mis intereses cambiaron demasiado. Mis prioridades comenzaron a ser otras y aunque, créanme que me dolió, él dejó de estar entre las primeras.

Querer es un asunto de deseo, voluntad e intención. Y no me malentiendan: el querer no es incontrolable. Se puede someter a la razón. El problema fue que lo pensé bastante, y mi razón tampoco quiso querer a mi ex.

Saber
Desde que tengo memoria me cuesta hacer amigas. Específicamente mujeres. Suelo tener discusiones con ellas porque no me quedan claros los códigos de conducta implícitos y hago cosas que, según sus consideraciones, están mal.

Hace mucho tiempo perdí a la que era mi mejor amiga, porque salí con el ex saliente de otra amiga suya. Nunca me cruzó por la cabeza, que le “debía lealtad” a la amiga de mi amiga. La conocía y le había comentado, antes de que cualquiera de las dos se involucrara con el susodicho, que a mí me gustaba. Ellos salieron y yo no me metí. Dejaron de salir, y al año él y yo fuimos novios.

Ahora en retrospectiva, me doy cuenta de que probablemente mi mejor amiga y su amiga pensaron que las tres éramos amigas. Entendido así, yo fui desleal. Y en consecuencia, perdí a una de las personas más importantes de mi vida.

Saber es asunto de conocimientos, que en ocasiones sirven como herramientas. Y yo soy torpe e ignorante en cuanto a los códigos de amigas.

Poder
Una vez salí con alguien muy distinto a mí. Diferente país, religión, crianza, valores, ideas. Para no hacerles el cuento largo: entendíamos la vida de dos formas completamente distintas y, más importante aún, irreconciliables.

A pesar de las ganas lo dejamos. No había ningún camino que pudiésemos transitar juntos. Yo no lo veía como amigo, lo veía como pareja. No consideré siquiera tener una relación distinta con él. Y entonces me fui.

Poder es asunto de condiciones y capacidad. Nuestras condición era de gran lejanía física e ideológica. Mi capacidad de franquear esa frontera era inexistente: no pude.

Me ha tomado tiempo aprender a vivir con mis fracasos y no a pesar de ellos. He decidido traerlos a cuestas para evitar olvidarlos o repetirlos. Identificar los motivos me permite ordenar mis sentimientos. Y no sé si a ustedes les vaya a servir de algo, pero yo me ahorrado heridas con el entendimiento.

Valeria Farrés

valeriafarres.com